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El Paraíso de los Anhelos Perdidos

Un Día Cualquiera

Hoy me he levantado con una sonrisa en la boca. No por nada en especial, sencillamente me he levantado con más fuerza que la que normalmente tengo a las 7 de la mañana. Me sentía despierto al bajar a desayunar (pero como el resto de la gente estaba dormida no he dicho ni mú).
Y al salir a la calle he enchufado el reproductor de MP3, ha empezado sonando el "Livin' on the Edge" de Aerosmith, supongo que todo ese ritmo ha terminado de levantarme la moral. (He de dejar de ir a la Facultad con música luego me pongo a caminar al ritmo que lleva y encima de hacer el palurdo puedo tardar eternidades en llegar). Entre canciones y canciones ha sonado una que me ha hecho pensar: "Hand In My Pocket" de Alanis Morissette.
"Hand In My Pocket" podría ser la descripción del estado de ánimo global de mi vida. Normalmente no puedo describir como me siento por eso, porque siempre siento demasiadas cosas a la vez. HE seguido dándole vueltas a un porrón de cosas mientras seguía camino de la facultad. Pero en conjunto el día ha sido bueno (poco me va a cambiar el estado de ánimo ya y eso que me he peleado con 3 cabinas telefónicas y no ha habido manera de que me aprobasen el examen de Química en la revisión).
Por todo esto he decidido ya por fin hacer una cosa. Voy a convertir este blog en un cajón de satre más aún si cabe, y meteré los textos no por orden como iba a hacer antes sino con respecto al estado de ánimo en el que me encuentre. Tenía uno perfecto para hoy, pero he preferido contaros todo esto.

Un Gran Saludo: Héctor

Sueños de Otoño

Hoy he visto al Otoño ante mí
Ese Otoño que creía perdido hace tanto.

Hoy he visto llover
Y danzar a las hojas ante mí.

El cielo está opaco y gris
Y yo he dejado que su agua
Resbale por mis manos

Llueve
Y podría seguir así por siempre

Podría bailar así durante horas
Mecido por el viento y la lluvia
Como las hojas de Otoño

Podría bañarme en sus aguas
Y descansar así por siempre
Soñando sueños de Otoño

Podría esperar cientos de años
Por un día así.

Por una lluvia intensa
Y un cielo gris.

Por la danza de las hojas
Y una brisa de ensueño.

Por la música de este día
Y mis acres sueños

Mis Sueños de Otoño

Los Sueños de un día Gris.


H.Utopía 28 de Octubre 2002

Vacío

Ultimamente no estoy muy por la labor de dedicarme a escribir. Pero me siento a la vez tan mal de dejar que a veces pasen meses sin ser capaz de escribir una sola línea.
Normalmente cuando escribo me siento liberado, pero desde la última vez que mi musa decidío marcharse y yo me quedé esperando en el jardín siento que las cosas han cambiado mucho. Estoy muy lejos de ser su amante de nuevo (si es que alguna vez lo fui), y ahora siento que sólo me visita de muy de vez en cuando y casi siempre en los peores momentos.

Esta mañana cuando iba paseando de camino a la facultad me daba cuenta de cuanto nos sumimos en las banalidades de nuestro mundo alejándonos de la verdadera felicidad. Cuanto sencillamente dejamos de lado lo que nos haría realmente felices, por muy tonto o trivial que nos parezca, por sencillas convenciones que nos hacen tan infelices y desgraciados.
Tal vez yo también me esté sumiendo finalmente en todo eso. Tal vez mi musa ya no me visite porque ya no sea capaz de mirar a través de mis ojos al mundo por el que tantas lágrimas ha derramado. Tal vez yo ya no sea capaz de ver las cosas como ella las ve.

Sin ninguna duda la primera señal de todo esto es el hecho de que ya casi no tengo cosas nuevas (realmente nuevas, no relatos de hace 2, 3 o 5 años) que poner aquí. Y no hago más que reflexionar y darle vueltas a las mismas cosas.
Para mí no poder escribir es como tener un agujero en el alma, que se ensancha poquito a poco según pasan los días desde mi último verso o mi última línea. Seguramente a cualquier otro artista le pase lo mismo desde su último lienzo o su última canción. Pero para mí me perturba hasta lo más profundo de mi ser. Si nada que contar me siento como un fantasma perdido. Como una historia que se guarda para jamás ser contada. Me siento vacío.

Soy un escritor sin historias que contar. No soy nadie.

Hasta la Verja

Muchas veces los pensamientos nublan mi mente queriendo decir tantas cosas y no puedo contarlas todas, a veces ni si quiera tengo la oportunidad de correr y coger un lápiz y apuntarlas. Es entonces cuando mi cabeza se nubla y se marchan.
No comprendo porqué tantas veces deseo cosas tan antagónicas. El otro día, la otra noche, volví a a ver ese mundo que aborrezco. Vi todo aquello que me horroriza de lo que rodea la vida que me ha tocado vivir. Esa sensación de extrañeza de desear estar tan lejos de todo asquello y a la vez querer ser parte de todo me hace sentir tan fuera de sitio siempre.
Supongo que muchos de vosotros comprenderéis esto. Normalmente el expresarse, el propio Arte, suele ser un influjo por el que se escapan nuestras penas y nuestros dolores. Pero hasta ahí ya nos comen el terreno y las cosas ya son siempre planchas de producción en cadena. Me horroriza pensar que tal vez un día yo sea eso. Y lo temo porque a veces mi musa se escapa y no vuelve por meses, y no tengo más que el vano valor de asomarme a la ventana y esperarla. Algún día se marchará por siempre y me dejaré marchitar pudriéndome eternamente.

Los últimos meses me costó muchísismo escribir más que unos pocos versos. Y sentarme ante un papel era como mirar un mar inmenso y no poder expresar nada, pues no era capaz ni de verlo, ni de oírlo. No podía sentir todo aquello que tenía en frente cuando estaba ante la hoja en blanco.
Hace poco he comenzado a aprender a ver las cosas de otyra manera. He descubierto lo que puedo disfrutar cuando estoy durante horas desnudo bajo la con dolor de cabeza. Y no hace mucho reí como un niño, como hacía siglos que no reía. He tenido una paloma aleteando a mi lado y he corrido entre el agua de los aspersores intentando no mojarme. Supongo que cualquiera que me viera pensaría que estoy loco. Yo pienso que he comenzado a andar, que por fin he abierto esa puerta que me mantenía encerrado y he caminado hasta la verja del jardín. Tal vez por fin consiga reunir el valor suficiente para abrirla y continuar andando.

Si algún día logro reencontrarme por fin con mi Musa y me convierte finalmente en su eterno amante os lo diré. Y entonces mis versos y mis palabras ya no será un influjo de penas.

Campánula

La luz se cuela entre los ventanales y redibuja las imágenes de las vidireras en los suelos de piedra gris. El gélido viento corre a través de los pequeños umbrales que dejan los abiertos portalones del antiguo edificio. Los bancos viejos se suceden en interminables hileras de oscura y veteada madera.

En el fondo, ante el altar, sentada en las escaleras de fría piedra, yace una joven de cabellos dorados y vestida de fina gasa blanca. Su melena se revuelve en la fina brisa, translúcida, en su aterciopelada suavidad.

Sus labios se mueven mientras mis ojos se fijan en su corona de violáceas flores, tal vez anunci mi muerte, tal vez sean los oráculos de mi cercano perecer.

Sus párpados se levantan, sus ojos están vacíos, llenos de nada; de iris tan calro, casi blanco, verdemar.

Campánula.

Campánula. Ninfa Oráculo, de mi final


H.Utopía 14 de Febrero 2002

Las Últimas Flores de mi Jardín

El agua de la ducha resbala por mi piel mezclándose con todas las lágrimas que lloré ayer. Siento un frío helado cada vez que una gota estalla contra mi carne.
Donde antes había caricias y besos, ahora hay soledad y lágrimas. Es una toalla la que ahora me cubre en lugar de su cuerpo desnudo.
El espejo está empañado y por un momento me detengo ante él, sin querer mirar a quien está al otro lado.
Lo limpio con la mano y le veo. Por un momento le veo. Me vuelvo y no hay nada. Me echo contra el espejo y rompo a llorar.

Ya ni si quiera me reconozco.
Mis ojos están cruzados por infinidad de líneas rojas que no me dejan dormir. Y las dobleces de mi cara sólo recuerdan la posición que acogen cuando rompo a llorar. Mi pelo está revuelto y grasiento.
Es como si la que se hubiese marchado hubiese sido yo

Ayer soñé con él. Sentí como acariciaba mi cara mientras dormía. Abrí mis ojos y le ví a través de una gruesa gasa. Y no me dijo nada, sólo ladeó la cabeza y me miró con tristeza.
Está mañana cuando me desperté salí al jardín. Estaba todo tan muerto y gris. Corté las últimas flores que aún vivían y se las llevé a él. Cuando las dejé sobre la lápida de mármol sopló el viento, y oí un: “te echo de menos”
Sólo pude responder: “yo también”

Aquí todo me recuerda demasiado a él. No puedo más. Arranco todas mis cosas, las guardo en una maleta y me marcho por siempre.

Huyo y salgo corriendo. Abro temblorosa la puerta del coche y meto todo de golpe. Subo por la otra puerta y la cierro de un portazo. Arranco mientras me enjugo las lágrimas.
No sé adonde voy, y tampoco me importa. Sólo quiero tratar de olvidar. No quiero más lágrimas. No quiero más flores. No quiero más lápidas.

Un golpe. El coche se mueve. Me caigo.

Y todo es negro

Exhalo. Y mi aliento no es nada.
Estoy abrazada en el Vacío. Desnuda, sólo cubierta por un gelatinoso velo helado. Me siento como si estuviese encerrada en una burbuja de agua negra e inconmensurable.
No hay aire, no hay agua, no hay nada.
Trato de respirar, como respiran los dormidos. Y siento el Vacío. Siento un placentero dolor por todo mi ser. Siento la Tranquilidad. Siento que el tiempo se ha detenido.
No hay Luz, ni Oscuridad. Y Siento un cálido escalofrío.

Siento dolor, mucho dolor.

Algo se ha roto. Y siento como si me clavasen un hierro ardiendo en el centro de mi Alma.

Respiro. Aire.

Mis ojos se abren.

Noto un fuerte viento contra mí.

Y es tan placentero.

Y entonces lo veo.

Veo sus ojos. Veo su rostro. Veo sus manos.

Y en ellas
Las Últimas Flores de mi Jardín


H.Utopía 22 de Septiembre 2003

La Dama Luminosa

La habitación es silenciosa, y penumbrosa la escalera; una Luz desciende por ella. La mujer, clara, blanca, luminosa, se presenta en la tiniebla, en la oscuridad que sume a la sala; dulce, bella, como gustosa de verla así. Su vestido es fino, largo y negro, como su espeso cabello, y un blanquecino halo la envuelve.

Sus manos recogen parte de la larga falda de su, sedoso, vestido, pero sin permitir ver sus descalzos y anacarados pies. Su caminar a través del vacío y negro pasillo es lento, sensual y majestuoso; parece caminar al ritmo de una silenciosa marcha fúnebre. En contraste, su cabeza se mantiene triste, y en parte agachada, con su clarísima, casi blanca mirada, clavada en el suelo, a pocos pasos ante ella.

Llega a las puertas, y se abren solas, las puertas inmensas, forjadas y silenciosas; se vuelve por un instante, clavando en la lejanía su inconmensurable mirada; para girarse de nuevo y continuar su camino, perdiéndose su halo en la Espesa Negrura.

Es un Hada
La Reina,
de la Oscuridad,
enamorada.


H.Utopía 22 de Enero 2002