A las Orillas de la Laguna Estigia
Cuando todo fue cayendo en el Olvido, las viejas restricciones se rompieron. Y muchos de los viejos dioses perdieron todo su poder. Fue entonces cuando Eurídice caminó de nuevo el camino de vuelta a casa, deseosa de encontrar a Orfeo al otro lado del umbral. Soñando que la habría esperado durante todo este tiempo
En el infierno el tiempo se diluía de una forma extraña. Tan pronto tu vida parecía sumamente lejana y olvidada, como parecía que nunca habías nacido, y tu vida no era más que un recuerdo por venir. Aquello provocaba un dolor angustioso y extraño. Una sensación de irrealidad imposible, que se agolpaba sobre las dudas de no saber nunca a ciencia cierta si todo había sido real.
Cuando los dioses cayeron, Eurídice escapó del infierno. Soñó con volver a ver la luz del Sol, con escapar de aquel tormento. Soñó con que Orfeo la seguiría amando por siempre...
...Pero Orfeo había muerto.
Vagó durante años, tal vez siglos, a lo ancho y largo del mundo. Buscándole. Como el recuerdo de una vieja leyenda que ya nadie recordaba. Era el símbolo del amor trágico, y aún muerta, no se disipó del todo como el resto. Finalmente el dolor fue demasiado grande como para seguir viva y decició marcharse.
Y desde entonces vagó a medio camino entre los vivos y los muertos. En las orillas de una inmensa Laguna Estigia. Sin cruzar nunca a ninguno de ambos lados.
En el infierno el tiempo se diluía de una forma extraña. Tan pronto tu vida parecía sumamente lejana y olvidada, como parecía que nunca habías nacido, y tu vida no era más que un recuerdo por venir. Aquello provocaba un dolor angustioso y extraño. Una sensación de irrealidad imposible, que se agolpaba sobre las dudas de no saber nunca a ciencia cierta si todo había sido real.
Cuando los dioses cayeron, Eurídice escapó del infierno. Soñó con volver a ver la luz del Sol, con escapar de aquel tormento. Soñó con que Orfeo la seguiría amando por siempre...
...Pero Orfeo había muerto.
Vagó durante años, tal vez siglos, a lo ancho y largo del mundo. Buscándole. Como el recuerdo de una vieja leyenda que ya nadie recordaba. Era el símbolo del amor trágico, y aún muerta, no se disipó del todo como el resto. Finalmente el dolor fue demasiado grande como para seguir viva y decició marcharse.
Y desde entonces vagó a medio camino entre los vivos y los muertos. En las orillas de una inmensa Laguna Estigia. Sin cruzar nunca a ninguno de ambos lados.
El hombre se acercó en silencio hasta ella. Se colocó a su lado en silencio, sin hacer ruido alguno.
Sentía los latidos de su corazón. Los jadeos y la respiración apagada que se condensaba en fino vaho alrededor de su boca. A aquel hombre no le debían de quedar muchas noches antes de que caminase a lo largo del túnel. Ella lo sabía. Lo miraba mientras dormía tumbado en su sitio. Lo echaba de menos. Había sido su hueco durante muchos años. Y ahora lo ocupaba un drogadicto maloliente que exudaba alcohol. Suponía que dentro de una semana sería el hueco de algún mendigo y dentro de un mes el de alguna adolecente que había huído de casa.