Esta mañana ojeando una revista he visto que en Japón han inventado una máquina para generar sueños a voluntad del usuario. Muchos pensarán que es una maravilla, que qué bonito y que tal. A mí me parece una aberración.
Claro que todos hemos soñado con controlar nuestros sueños alguna vez. Pero los sueños son los mensajes de nuestro subconsciente. Son lo que realmente somos, aunque no lo aceptemos y muestran lo que realmente necesitamos, aunque no lo sepamos. Si ahora tenemos una máquina que nos permite saoñar lo que nos dé la gana, perderemos gran parte del contacto con nuestro interior y nos convertiremos en unos conformistas pasivos.
Los sueños son mucho más que las fantasías nocturnas, son mucho más que el terror y el miedo, son mucho más que el placer y el orgasmo anhelado. Son más que cualquier cosa imaginable. Y por eso tendemos a olvidar. Los sueños intentan asentar nuestro recuerdo y evadirnos temporalmente del mundo real.
Si banalizamos nuestra vía de escape cerraremos de par en par las puertas que comunican con otros muchos mundos. La imaginación está condenada. En unos cuantos años, no mucho más de algunas generaciones la rutina será tan odiosa y previsible que nunca más se creará algo meramente original.
¡Ojalá todo esto cambie!